domingo, 21 de julio de 2019

La corrupción en las vías

Por: Libardo Gómez Sánchez
Se cumplieron 50 años de la primera visita del hombre a su satélite, un acontecimiento posible gracias a los notables avances de la ciencia, que permitieron que una nave tripulada por tres astronautas aterrizara en la Luna y luego lograra despegar para regresarlos a su planeta de origen. Al mismo tiempo, podemos registrar el aniversario 115 de la puesta en funcionamiento del metro de New York, un modelo de transporte urbano diseñado para contribuir a la solución de la movilidad de los habitantes de centros con grandes concentraciones de población. En Italia en 1939 se inauguro el primer tren de alta velocidad que alcanza velocidades superiores a los 200 kilómetros por hora, en la actualidad el japones Maglev que funciona mediante un campo magnético evitando la fricción con el suelo, ha logrado velocidades superiores a los 600 kilómetros por hora. Interminables son los logros de la humanidad en soluciones para facilitar el transporte de carga y de pasajeros, y las proyecciones que ofrecen las sociedades modernas.

En contraste con todos estos avances, Colombia no ha podido ni siquiera desarrollar un sistema vial medianamente decente, a pesar del bombo con que se anuncio las llamadas 4G, las condiciones de la mayoría de las carreteras es lamentable; han transcurrido mas de diez años en la construcción del túnel de la línea que debería reducir el tiempo de viaje entre el centro del país y el suroccidente y no hay fecha prevista para su culminación; la vía al mar es una colcha de retazos en la que cuando un tramo nuevo se termina otro viejo ya no funciona; la autopista al Llano construida mediante el mecanismo de las concesiones a privados se encuentra cerrada por derrumbes y afectaciones a puentes, que según estiman los organismos del estado requerirán al menos dos años para su reparación, la cual se hará a costillas de los contribuyentes porque el contratista tuvo, con la complicidad de los funcionarios del gobierno, la previsión de responsabilizar al estado el mantenimiento de la vía; el sur del país, la ruta que de Neiva conduce al Caquetá y al Putumayo, la dos se ven afectadas por el cierre entre los municipios de Gigante y Garzón, carretera construida para bordear la represa del Quimbo y cuya banca colapso por el golpe de agua del embalse; meses atrás la carretera a Pitalito y Mocoa ha tenido paso restringido por derrumbes en el punto conocido como Pericongo. Todas calamidades atribuibles a la corrupción que no permite que las obras se adelanten con la calidad que la ingeniería podría realizar. ¿Volveremos a elegir a los responsables de esta debacle?

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